La Quebradora y el agua en la Ciudad de México

La Quebradora y el agua en la Ciudad de México

Ante la inminente crisis del agua en la Ciudad de México, surgen alternativas viables.  En el inmenso barrio de Iztapalapa —donde viven cerca de dos millones de habitantes, muchos de los cuales no cuentan con agua corriente— se está construyendo un oasis de esperanza: el parque hídrico La Quebradora.

 

Alfonso Reyes en Visión de Anáhuac decía que la desecación del Valle de México abarcaba desde el año 1449 hasta el año de 1900. “Tres razas han trabajado en ella y casi tres civilizaciones…es la desecación de los lagos como un pequeño drama con sus héroes y su fondo escénico.”

Tan grande fue la labor de construir un desierto en la laguna donde poder edificar la ciudad, como enorme y costosa la manera de traer agua para el consumo de sus habitantes. Y así ha sobrevivido esta urbe, entre hundimientos e inundaciones, padeciendo la abundancia, la escasez, y admitiendo la inminente crisis como el siguiente paso de su relación con el agua.

A este complejo panorama, se une el cambio climático. Las altas temperaturas y la sequía implican una mayor evaporación y, por lo consiguiente, una mayor demanda de agua, lo que incrementa la presión de conseguir el recurso desde zonas de reserva distantes—a costos exorbitantes—, o de drenar todavía más los mantos acuíferos y acelerar el colapso de la ciudad.

Pero no todo está perdido. En el inmenso barrio de Iztapalapa —donde viven cerca de dos millones de habitantes, muchos de los cuales no cuentan con agua corriente— se está construyendo un oasis de esperanza: el parque hídrico La Quebradora.

El proyecto− ubicado en un predio que estaba abandonado en el cruce de Ermita y Avenida de las Minas− es coordinado por el Instituto de Investigaciones Sociales (IIS) de la UNAM, a cargo de Manuel Perló. Se trata de un espacio público, recreativo, de convivencia y de paisaje, que al mismo tiempo ayudará a resolver los problemas de agua en la zona.

La Quebradora fue diseñada específicamente para recibir el agua pluvial de la zona de la Sierra de Santa Catarina, que normalmente fluye hacia la avenida Ermita Iztapalapa y zonas aledañas y causa inundaciones constantes. El agua de captación es mejorada mediante filtros y sedimentadores, que conducen el líquido vital hacia dos grandes embalses y posteriormente al subsuelo.

Además del agua de lluvia, se dará tratamiento al agua residual del drenaje para procesarla a través de un sistema combinado de planta anaerobia biológica y de humedales. El flujo resultante será suficiente para abastecer las necesidades del propio parque y además se obtendrán cuatro pipas extra de agua diarias con las que se abastecerá a las colonias aledañas.  La parte eléctrica, bombas e iluminación, funcionarán a través de un sistema de paneles solares

Numéricamente hablando, el parque traerá un beneficio directo para 28 mil personas, pues se duplicará el espacio público al que tienen acceso, de 1.13 a 2.97 metros cuadrados por habitante; de igual manera, se triplicará el arbolado actual con vegetación endémica. Con una inversión de 250 millones de pesos y la creación de un fideicomiso, se anunció que el proyecto quedará listo a mediados del 2018.

Más que un parque, quizá el inicio de un nuevo capítulo− sustentable y reconciliador − en la historia del agua en la Ciudad de México.


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